Tazas compartidas, corazones unidos - Carta 34 de 365

Cariño mío,

Es curioso pensar en cómo eran mis días antes de conocerte. Me la pasaba recorriendo la ciudad, buscando cafeterías donde pudiera escapar de la realidad. Eran refugios para mi mente, lugares donde buscaba paz y me perdía escribiendo versos y cartas que, probablemente, nunca verían la luz

Y luego llegaste tú. Conocerte fue encontrar a una compañera de aventuras, una viajera que me acompañaba en mis escapadas creativas. Poco a poco, nuestras conversaciones se volvieron ese rincón donde ambos nos descubríamos. Cada palabra que compartíamos desenterraba sentimientos que quizá ninguno sabía que tenía.

Pasamos de visitar cafeterías juntos a hacer café en tu casa o en la mía. Allí, las charlas se transformaron en algo más profundo, en confesiones que solo el aroma del café y la calidez de tu presencia podían provocar.

Hoy, ya no escribo en soledad, ni busco refugio en una taza de café en alguna esquina de la ciudad. Ahora, mi tiempo lo dedico a contemplar el café de tus ojos, esos que tienen la capacidad de sumergirme en un mundo donde todo se siente más cálido, más completo.

Gracias por convertir cada taza de café en un momento inolvidable, por ser la pausa en mis días y la inspiración en mis noches.






                                                                                                                                                                    Te escribiré mañana, Te amo y descansa preciosa. 

                            Posdata: Nunca pensé que el café pudiera ser más dulce que tus ojos; pero contigo, todo parece tener ese toque especial.


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